Informática para qué

Enero 18, 2008

¿Qué pasó con las nuevas tecnologías en el 2007?

Quizás lo más importante sea que aún no se han detenido los cambios y que hay un margen continuado de innovaciones, sobre todo orientado hacia el desarrollo y simplificación de las redes de telecomunicación y procesamiento de datos. Al mismo tiempo hay un avance en la autonomía de las transmisiones y un progreso en los sistemas inalámbricos. En cuanto a las estructuras de los medios se registra una tendencia hacia la consolidación de inversiones y la concentración financiera con el propósito de incrementar el potencial operativo mediante la complementación de funciones y elevar la capacidad estratégica.

Un factor importante es el impulso logrado por la miniaturización de componentes o nanotecnología, lo que abre nuevas posibilidades a los nuevos medios, imposibles de calcular por el momento. Lo indica la asignación del reciente Premio Nobel de Física a trabajos que van en esta dirección.

Para los países del Tercer Mundo, es decir, los países pobres, puede ser preocupante el fenómeno de la dependencia y sus secuelas de marginalización y desigualdad. Para evitarlo no es suficiente la existencia de un mercado global capitalista, regido no sólo por la oferta y demandas más rigurosas, sino también por estrategias políticas coyunturales que impiden o facilitan el acceso a los productos comerciales.

Este es el caso de Cuba –hay que repetirlo- con las transmisiones por cable óptico submarino, lo que la obliga a recurrir al satélite de comunicación mediante el pago de un alto costo, así como la adquisición de computadoras para sus sistemas docentes y de producción, imposibles de comprar si tienen más de un 10% de componentes electrónicos.

Esta limitación se debe a que Estados Unidos produce más del 60% del equipamiento mundial y controla el 90% de los programas o software. A pesar de la aplicación de estos esquemas de poder, hablan sin límites del libre comercio y los derechos humanos, y proclaman las bondades de una democracia que no existe.

Un puesto bajo el sol

De las mayores 400 fortunas de Norteamérica y el mundo, calculadas por la revista Forbes en dos millones de millones de dólares, alrededor del 50% están relacionadas con las nuevas tecnologías electrónicas, las telecomunicaciones y la informática. Y siguen aumentando, como indica la duplicación del valor de las acciones de las corporaciones “Amazon. Com” y “E-Bay”, así como la expansión de Google, el principal motor de búsqueda de datos y programas.

No es posible dejar fuera de estas consideraciones la reciente operación de compra o absorción del Wall Street Journal y el índice financiero Dow Jones por valor de más de 2 400 millones de dólares, adquiridos por una empresa recién establecida. Puede decirse que nunca antes se había producido esta experiencia de concentración del poder industrial y financiero en tan pocas manos. Así como tampoco habían tenido lugar estafas por más de 100 000 millones de dólares, como el caso de la corporación energética y telefónica Enron, cuyos administradores pasarán el resto de su vida en la cárcel.

No nos hemos preguntado qué efecto tienen sobre los sistemas operativos el mecanismo de los mercados globales, el procesamiento automatizado de información, el depósito y venta instantáneos de divisas, la toma de decisiones –personal o empresarial- por Internet. Las nuevas funciones e innovaciones que van llegando al mercado hacen posible operaciones en gran escala como las reproducidas en los famosos “juegos de guerra” o ejercicios estratégicos que practican continuamente los países poderosos.

Tanto han aportado la reducción de tamaño y el diseño compacto de funciones múltiples, que ciertos intereses políticos norteamericanos han comenzado a elaborar esquemas de organización de una cultura informática para niños pobres en países subdesarrollados. El plan incluye reforzar la imagen de participación social de los gobiernos, en particular el de Estados Unidos, sobre la base de producir millones de computadoras, en parte regaladas y en parte vendidas al costo de $100 dólares.

En el marco de este proyecto no es casual que el presidente Bush, en la oportunidad de su discurso sobre la llamada “transición” en Cuba haya hablado de entregar computadoras a los estudiantes cubanos y solicitado su acceso a Internet. El desviado funcionario olvida que el país cuenta con medio millón de equipos y una política nacional de acuerdo a la cual han aprendido informática un millón de personas.

Los avances del 2007

Dos cosas han demostrado los avances del 2007 en el campo de las nuevas tecnologías. Una es el aumento del potencial de comunicabilidad, incluidos los teléfonos móviles, la mayor capacidad de programación, su reducción y su dinámica operativa. Otra es cómo resolver el fraccionamiento acelerado de capacidades y oportunidades entre los mundos pudientes y no pudientes, lo que comienza a preocupar a los países desarrollados desde el punto de vista político.

Aún quedan, según la UNESCO, unos 860 millones de analfabetos y cerca de 2 000 millones de semi-letrados o aquellos que han abandonado la enseñanza antes del tercer grado de primaria. Y que lo han hecho en la mayor parte de los casos para ayudar al sostenimiento de la familia, es decir, para comer. Por eso la UNESCO y la Organización Internacional del Trabajo hablan con reiteración de 150 millones de niños menores de 14 años que trabajan de diez a doce horas diarias en la agricultura y la minería, y también de otros 200 millones que no tienen escuelas ni maestros.

Llaman la atención las fotos que publica El Correo de la UNESCO de maestros rodeados por sus alumnos debajo de un árbol, en África. Y es porque no tienen ni siquiera una choza que haga de aula. ¿Qué gobierno le va a regalar computadoras a estos niños de zonas rurales apartadas, acosados por las enfermedades y las guerras?

El adelanto del mundo informático es impresionante. Al extremo de hacer pensar a muchos que se ha llegado al máximo de las condiciones de vida. Volamos a la luna, tenemos hombres en el espacio sideral y poseemos misiles-antimisiles, contamos con el mapa del genoma humano y poseemos recursos para transformar la naturaleza, como en el caso de las semillas transgénicas. Creemos que lo que nos falta es encauzar todo este conocimiento. El ser humano necesita un objetivo social. De lo contrario, el saber podría profundizar las injusticias y poner la civilización en peligro

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